Actos de amabilidad constantes

Actos de amabilidad constantes

Hace unas semanas un post en Instagram me hacía sonreír. Una chica saludaba efusivamente a la gente que se encontraba en su paseo y les lanzaba cumplidos sobre sus ojos, su peinado o su sonrisa.

En otras ocasiones, desde su coche repartía flores a los carteros, repartidores o los camareros que la atendían en el servicio de recogida de pedidos en el restaurante o en la gasolinera. 

El efecto espontáneo que causaba en las personas era fascinante. Del estupor y la sorpresa porque una desconocida les hablaba en medio de la calle pasaban a una alegría inmensa por el piropo y una gran sonrisa iluminaba sus rostros. Ese día ya era diferente y especial para estas personas.

Random acts of kindness

Este tipo de acciones reciben el nombre de Actos Aleatorios de Amabilidad, random acts of kindness, en inglés. Es algo frecuente en Estados Unidos, pero a mí me sucedió una vez en Terrassa y os puedo asegurar que marca una diferencia en tu día.

En una salida escolar con 50 alumnos apiñados en un autobús de Terrassa una señora empezó una conversación cordial con los profesores que acompañábamos a los estudiantes. 

Ella alabó nuestro trabajo y el buen comportamiento de los alumnos. Al bajarse, nos regaló una pequeña ramita de romero de un ramo que había recogido en su paseo por las afueras de Terrassa. 

Así, sin más, espontáneamente y movida por la gratitud. Os aseguro que no se me olvida aquel momento y la generosidad y el afecto que nos demostró. No nos dijo su nombre pero compartió su amabilidad desinteresadamente.

Los encuentros de Jesús

En ocasiones imagino cómo serían los encuentros de Jesús con los protagonistas de los pasajes de los evangelios. ¿Cómo sería el encuentro con la mujer samaritana en el pozo de Jacob, donde Jesús le mostró la verdadera fuente de vida que sacia la sed del alma? ¿Y cómo sería el episodio de la mujer adúltera a la que los escribas y fariseos querían dilapidar?

Estoy seguro de que esta mujer anónima nunca olvidaría los ojos de Jesús y las palabras que le compartió. O Zaqueo, el recaudador de impuestos de baja estatura que tuvo un encuentro con Jesús que marcó su vida para siempre. 

Encuentros fortuitos que, envueltos en la amabilidad de Jesús y su mensaje de perdón, se convirtieron en momentos transformadores. Jesús no hizo actos de amabilidad aleatorios. Él fue un paso más allá y llenó su vida y ministerio de actos de amabilidad, de amor y de gracias constantes. Era la naturaleza de su vida, amor, perdón y gracia inagotable e infinita. 

Y para hacerlo sencillo, nos entregó la regla de oro:

Haz a los demás todo lo que quieras que te hagan a ti. Esa es la esencia de todo lo que se enseña en la ley y en los profetas. Mateo 7:12. 

Nuestra pequeña luz

La poetisa americana Maya Angelou dijo una vez: “Intenta ser el arco iris en la vida de alguna persona”. Y la verdad es que me encanta la idea. Quizás no tenemos que hacer algo grande, o algo muy especial. 

Quizás nuestra sonrisa, nuestro saludo sincero, nuestra muestra de interés o de ayuda pueda marcar la diferencia en el día de alguna persona que no conocemos. 

Si naciste en el siglo pasado recordarás el himno “Brilla en el sitio donde estés“. Si naciste en el siglo XXI, pregunta a tus abuelos o a tus padres cómo era la letra. No esperes una gran acción, no quieras un momento grande o espectacular. 

Allí dónde estés ahora, en tu trabajo, en tu casa, en tu instituto, intenta llevar luz, intenta que tu vida se llene de pequeños grandes Actos de Amabilidad Constantes, como los que Jesús nos llama a hacer en la regla de oro. Ama a Dios por encima de todas las cosas y al que está a tu lado como a ti mismo.

Seguro que podremos ayudar a muchísimas personas con nuestra pequeña luz.

La fórmula es sencilla: Actos de Amabilidad Constantes.

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