Culte 14 de novembre de 2021 (streaming)

Culte 14 de novembre de 2021 (streaming)

Aquí tens el vídeo complet de la retransmissió en directe del culte del dia 14 de novembre de 2021, i les notes de la predicació a continuació: “Les meravelloses promeses de Déu – La promesa de l’Esperit Sant.” Lorenzo González

L’Esperit Sant – Les meravelloses promeses de Déu”, amb Lorenzo González | 14 de novembre 2021

Hace más o menos unos siete meses, en una de nuestras series, prediqué sobre el Espíritu Santo. Y hacía no muchos meses, ya había predicado sobre un tema, que también me había tocado hablar sobre el Espíritu Santo. Hablé sobre nuestro compromiso y seguimiento [eran las series Compromiso y Seguimiento de Jesús. Aquella serie de los fans “Fan o Seguidor de Jesús”] y me tocó hablar del Espíritu Santo.

En ese sermón, entre las ideas que compartí – señalé varias. Si a alguien le interesa, pues va en nuestro YouTube o nuestro Podcast. Lo puede escuchar perfectamente. Hoy seguiremos con el episodio dos de esta serie.

Pero allí compartí, y que deseaba recordar, uno de esos conceptos. Es una verdad y una promesa central de la vida de todo cristiano, que me gustaría volver a recordar por la gran importancia que tiene.

Y es: Que todo creyente tiene al Espíritu Santo. Y tiene siempre la presencia del propio Dios, por tanto, en él.

No depende de mi santidad, ni de hacer un tipo de rito concreto, ya que es un acto de gracia. Es un don, un regalo de Dios. Su presencia permanente en nuestro interior es lo que Él nos promete.

No es como en el Antiguo Testamento, que venía de visita, venía a hacer una ayuda concreta. Se presentaba a veces el Ángel de Dios, a veces alguna situación vinculada con Dios, o la propia acción de Dios. Pero no era algo permanente dentro de la vida de las personas.

Ahora siempre está con nosotros, y no solo en un templo en un sitio concreto, sino en cualquier sitio donde estemos. Donde estemos nosotros, allí está el Espíritu de Dios, porque está en nuestro interior y siempre está con nosotros. Vive contigo, sea cual sea tus circunstancias. Y está siempre, también comentamos ese día, lo sientas intensamente o no, siempre está a tu lado.

Es una realidad de fe, pero objetiva. Es algo más allá de la emoción, o de la sensación que yo pueda tener, aunque la vivencia con el Espíritu implica emociones, lógicamente. Pero la presencia y la ayuda del Espíritu van más allá que esas emociones. Si tú aceptaste a Jesús, decía aquel día, ya tienes al Espíritu Santo.

Ese sermón, lo finalice animándoos a vivir esos “ríos de agua viva” en el Espíritu Santo, que Jesús nos prometió.

Y aquí voy a enganchar con eso. Ya damos por sentado esa promesa de Dios – de la presencia con nosotros-  pero vamos a ver esa promesa de Dios, de vivir en el Espíritu “ríos de agua viva”.

Si miramos los pasajes previos a este texto, que nos ha leído nuestro Pastor Andreu, Juan 7.25-31, Juan 7.40-44, nos encontramos con disputas sobre la mesianidad de Jesús: ¿Quién es este Jesús? ¿Es el Mesías realmente? Hay intentos de apresarle, porque parece ser que Él se está autocalificando como algo más que un ser humano, o incluso, que un profeta. Tal vez, como el Cristo, como el Mesías, ¿qué está haciendo allí?

Y, además, nos indica el texto que estaban de fiesta, era Fiesta de los Tabernáculos. Dice que era el último día de la fiesta. Eran siete días de fiesta, y luego venía un último día también, como una especie de descanso, de celebración final. En la época de Jesús, esta era una de las grandes fiestas de Israel. Era una peregrinación de judíos de muchos lugares hacia Jerusalén, para celebrar esa fiesta, que no os voy a explicar a todos los detalles, pero si hay una cosa que nos interesa para entender por qué Jesús nos dice esto aquí. Era una fiesta de acción de gracias, de gratitud. De gratitud por la vendimia, por la cosecha que se había tenido durante el año, y especialmente por la vendimia que se había tenido. Por eso, a veces también se le llama la Fiesta de las Cosechas. En ella, también, se recordaba la dirección que Dios había dado a sus antepasados a lo largo de la historia. Pero muy especialmente la salida de Egipto en el Éxodo, y, sobre todo, la travesía en el desierto. La travesía en el desierto de Israel durante unos 40 años. El énfasis de la fiesta era el gozo por la redención, era una fiesta alegre. La liberación de Dios es lo que se celebraba, y la alegría que eso comportaba al pueblo.

Era toda una ceremonia, ya digo, en la cual jugaba un papel muy importante, y muy relevante, el agua. Todos los actos que se desarrollaban [que eran muchos simbólicamente] muchos de ellos tienen que ver con el agua. Acordados, celebramos la ayuda de Dios en el desierto, por lo tanto, el agua que Él nos fue proporcionando, es lo que nos hizo  sobrevivir. Se desarrollaba sobre todo una ceremonia que se llamaba el “derramamiento del agua”, recordando el milagro que Dios hizo, sobre todo, en el momento que Moisés sacó agua de una roca cuando los israelitas en el desierto no tenían agua. Y se recuerda especialmente ese acto.

Y en esta ciudad de Jerusalén, llena de gente, de gente alegre, celebrando ese acto, un acto masivo. Ese recuerdo del poder de Dios a lo largo de la historia de Israel. Allí, todos están mirando además a Jesús con lupa, “a ver qué va a decir, o qué va a hacer, para ver si lo podemos pillar en algo, y le podemos apresar, o le podemos desacreditar de alguna manera”. Es justo allí cuando Jesús, dice esta frase: “…el que tenga sed, que venga a mí y beba… y tendrá ríos de agua viva”

Dicen algunos, que probablemente Jesús dijo esto en voz alta, a lo mejor en el momento justo que se estaba echando el agua – el sacerdote estaba echando el agua-  para que todos celebran ese recuerdo. Sea en ese momento, o no, el impacto de las palabras de Jesús es enorme, son brutales. Si alguien quería pensar “vamos a pillar en un acto a Jesús, en el cual podemos prenderle” ¡Vamos!, esto de colocarse en medio la fiesta y decir: “No, venid a mí. Venid a mí, que yo os voy a dar agua viva”. Realmente es una buena oportunidad, y Jesús provoca esa situación.

El agua en Antiguo Testamento, por tanto, para los judíos era un símbolo de vida, como lo es hoy en día también. El agua da vida, con ella se riegan los cultivos para que sobrevivan. El agua de la lluvia da vida a los campos, a los árboles. Pero especialmente el agua de los de los ríos, de los pozos, …del grifo también [:)] El agua es la que nos da vida, porque sabes que podemos beber. Y es un símbolo hoy en día todavía de vida. Y sobre todo para personas como los judíos, que vivían en zonas desérticas, en zonas alrededor del desierto, muy cercanos al desierto, con experiencias en el desierto. Por lo tanto, el agua se valoraba todavía mucho más.

En aquella época, que no había latas de refrescos de ninguna de las marcas, y el agua de los ríos o de los manantiales, era la única que daba esa vida a las personas. Era esencial el agua para sobrevivir. El agua era fundamental para la supervivencia, y cuando se encontraba, era una alegría. Por eso se celebra todo este acto y ese recuerdo de Dios ayudándoles y guiándoles, dándoles agua. Era fundamental para ellos. Pero a la vez de símbolo de vida, el agua para los judíos era un símbolo espiritual de vida. De vida espiritual, de espiritualidad de alguna manera. Y lo relacionaban con la espiritualidad, o con la sed, de Dios. No solo se tenía sed física, pensaban, sino también sed de Dios. La sed espiritual del Antiguo Testamento se relaciona con el deseo de tener una relación personal con Dios. Una relación íntima con Él, que calma mis deseos y mi sed personal.

¿Os acordáis del Salmo 42? …como el ciervo brama por las corrientes de las aguas… Como este otro texto …como ciervo sediento en busca de un río, así Dios mío te busco a ti. Dice otra versión …así clama por ti Dios el alma mía, y dice …mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo, ¿cuándo vendré y me presentaré a delante de Dios? tengo sed de Dios, del Dios de la vida. Aquí vemos las dos ideas juntas en este salmo. Pero en Jeremías hay muchos pasajes, solamente os voy a traer dos, los muy destacados. Jeremías 2.13   …mi pueblo ha cometido un doble pecado, me abandonaron a mí, fuente de agua viva y cavaron sus propias cisternas, pozos agrietados que no conservan el agua.

Para los judíos, ese concepto de “agua viva” tenía una reminiscencia espiritual profunda, vinculada con su sed y su relación con Dios. El propio Jesús ya había usado también esta idea ¿os acordáis?

Varias veces, pero hay una muy conocida: La mujer samaritana. Recordamos ese diálogo con una mujer ante un pozo y Jesús le pide agua: “Dame agua” -tendría sed, y pidió agua. La mujer, dice el texto – os lo voy a leer rápidamente:

 …la mujer, como los judíos no tenían el trato con los samaritanos, le dijo: Cómo tú, que eres judío, me pides agua a mí, que soy samaritana. Y Jesús le contestó: si supieras lo que Dios da, y quién es el que te está pidiendo agua, tú le pedirías a él y él te daría agua viva. Y la mujer le dijo: Señor, ni siquiera tienes con qué sacar agua y el pozo es muy hondo ¿de dónde vas a darme agua viva? Nuestro antepasado Jacob nos dejó este pozo, del que él mismo bebía, y del que bebían también sus hijos y sus animales ¿acaso eres tú más que él? Y Jesús le contestó: los que beben de esta agua volverán a tener sed, pero el que beba del agua que yo le daré, jamás volverá a tener sed. Porque el agua que yo le daré, brotará en él como un manantial de vida eterna.

Fijaos la similitud con Juan 7. Está hablando de conceptos – de planteamientos similares- que además se repiten en otros textos de los evangelios, sobre todo el Evangelio de Juan. Y Jesús, a la samaritana le lleva al origen de la fuente: a Dios mismo.

El agua no quita la sed permanente, es solo física. No llena todas tus necesidades que tengas, por muy importante que sea para la vida tener agua física. Pero el agua de Dios entra en el ser humano y permanece dentro dándole frescura, vida y su cantidad es ilimitada es un canal perpetuo. Es agua viva, un agua que no está estancada. Un agua estancada, ya sabes acaba convirtiéndose en agua contaminada, que no tiene vida, que no se puede utilizar para beber. Esta agua es viva y fresca, y dice que va a correr como ríos. El agua necesita tener movimiento, correr, para tener vida. Cuando vemos ríos [ayer varios de vosotros fuisteis de excursión, en varios grupos diferentes y no sé si viste algún río, pero nos gusta especialmente para ver ríos] nos gusta ver en los ríos, que el agua se va moviendo. Nos da la sensación de energía, de vida, de frescura. Esos ríos que a veces vemos en los deportes, en las aguas bravas, con esos esas aguas tan potentes, que van las canoas y parece que se van a hundir con esa fuerza que tienen. Pura vida. A eso se está refiriendo a Jesús con “agua viva”

Mirad, hoy en día vivimos en una época de búsqueda casi obsesiva, y a veces yo quitaría el casi, pero casi obsesiva de la felicidad, de necesidad de sentirnos vivos. Como si de nosotros corrieran constantemente “ríos de agua viva”. Necesitamos esas experiencias, esas situaciones constantemente. Venta de experiencias, situaciones que podemos hacer, libros de autoayuda, de psicología positiva, gurús varios, personas que han pasado experiencias, que nos las explican para que podamos aprender de ellas. Nos dan a cada uno ideas para poder lograrlas. Incluso en el ámbito espiritual.

Algunas de sus ideas y de vivencias son interesantes, y nos ayudan a pensar y a concretar cosas en nuestras vidas. Claro que sí. Pero en mi opinión, bastantes de ellos plantean un concepto de felicidad muy básico, muy incompleto. Incluso diría que, en bastantes ocasiones, a veces casi ingenuo e infantil. Y, por tanto, lo que nos indica para lograrlo, para tener esa felicidad, es excesivamente simplista, incompleto. Diría que a veces parece casi mágico, lo que te proponen.

Además, en esta sociedad tan individualista, la felicidad se concibe hiper-individualista también: “Es mi felicidad lo que me interesa” Señala que debes creer en ti y en tu sueño, aunque eso pase por encima de cualquier otra situación o persona. Que tú puedes ser capaz de cualquier cosa, solo con la actitud que tengas. Con eso tendrás felicidad interior por encima de todo, incluso de cualquier situación o persona. “Busca sentirte bien, porque así serás feliz, y eso hazlo como un fin en sí mismo, para sentirlo tú”. Pero Jesús, en el Evangelio y en los evangelios, y en toda Palabra, nos da otra propuesta, que a veces tiene similitudes, y se utilizan palabras similares, pero es una propuesta diferente a esta – que también hacen muchas personas y libros de autoayuda.

La propuesta de Jesús es muy clara, dice: Yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia. Y lo relacionamos con el texto de hoy …el que tenga sed, venga a mí. El que cree en mí, que beba. Como dice la Escritura, de su interior brotarán ríos de agua viva. Vaya promesa: la presencia del Espíritu Santo y una vida abundante, una vida plena, “ríos de agua viva” con nosotros. Conceptos que nos hablan de una vida con propósito, de una vida con significado. Conceptos relacionados con lo que entendemos normalmente como felicidad. Y Jesús vincula todo esto, a la presencia del Espíritu Santo en nuestras vidas. Dice el versículo 39 con esto quería decir Jesús, que quienes creen en el recibirían al Espíritu Santo.

En nosotros el Espíritu Santo es como una fuente, un pozo de agua siempre fresca y permanente. De nuestro interior, el Espíritu Santo fluye como un inmenso río, con agua a raudales. El Espíritu Santo está en nosotros básicamente, no para hacernos felices por sí mismo, está en nosotros para que conozcamos a Jesús en profundidad. En Juan 14, – que es uno de los textos que utilicen el anterior sermón y que leemos habitualmente-  el Espíritu Santo …el Defensor, que el Padre enviará en mi nombre, os enseñará todas las cosas y os recordará todo lo que os he dicho. Hay varios textos en los que señala que el Espíritu debe de enseñarnos a Jesús. El objetivo del Espíritu es, que conozcamos a Jesús y vivamos como Él.

Esta es la promesa de Jesús. Con el Espíritu Santo en vosotros, eso es posible Jesús, su vida, su propuesta son el centro de todo. Sus enseñanzas, su planteamiento de vida, sus actitudes para con los demás, son los elementos que debemos desarrollar para tener esos “ríos de agua viva”

Las Bienaventuranzas son un buen resumen de ese planteamiento, de cómo hemos de vivir para tener “ríos de agua viva” Es un buen resumen: reconoce tu pobreza espiritual, llora con los que lloran, vive desde la humildad, ten hambre y sed de justicia, sé compasivo, ten un corazón limpio, sé un pacificador y un perdonador e interrelaciónate con los demás con la paz y con el perdón. Esa es la propuesta de Jesús.

Jesús puso a los débiles, a los más vulnerables, en el centro de su vida y de su mensaje. Jesús enfatizo el valor de la persona y de la espiritualidad, sobre cualquier otra cosa, en este sentido. En fin, el amor a Dios sobre todo y al prójimo como a uno mismo, como clave de vida llena del Espíritu como agua viva.

La alternativa de Jesús y su promesa, de que con el Espíritu tendríamos “ríos de agua viva”, una vida plena, controlada por el Espíritu, no es algo simple o superficial, o algo meramente emocional o religioso. No solo tener una actitud positiva, e ir haciendo las cosas. Es aceptar a Jesús, y vivir la vida que Jesús nos propone. Jesús promete que podemos hacerlo, porque el Espíritu está en nosotros.

Este planteamiento de la vida conlleva enfrentar situaciones complejas, situaciones duras a veces. Porque la vida es así, y la del creyente, diría, que todavía más. No es un planteamiento infantil o ingenuo de la vida, intentar vivir las Bienaventuranzas de Jesús. Ellas acaban diciendo: …bienaventurados los que padecen persecución, por causa de la justicia. Porque de ellos es el Reino de los cielos. Bienaventurados seréis, cuando por mi causa, os insulten, os persigan, y digan toda clase de mal contra vosotros mintiendo. Esto, sí que no lo encontraremos en los libros de autoayuda de hoy en día. Es un planteamiento totalmente diferente. Implica un sentido crítico y profético, de la vida y de la sociedad. Comprometido con los demás realmente.

Es diferente a un discurso reduccionista o ingenuo – no me lo parece. Porque las “aguas vivas” conllevan sufrimientos y dolor muchas veces, implican pruebas y dificultades. Jesús, en el Espíritu, nos enseña a profundizar en la vida, para en esas circunstancias, vivir vidas plenas. Jesús promete que, pese a todo, tenemos esas “aguas vivas”, y para ello nos dice que tener sed es fundamental. Tener sed, es tener la necesidad de una vida abundante, una vida de Dios. De ser consciente de mi dependencia de Dios, y de anhelar profundizar en esa vida que propone Jesús. Anhelo, deseo, profundizar en lo que Jesús me dice que he vivir.

Y eso se hace desde la humildad. Para tener sed, es fundamental desarrollar nuestra humildad. La humildad es verme como soy: ver mis pros y mis contras, mis fortalezas y mis debilidades. La humildad hace que, al conocer mis debilidades, sepa qué debo trabajar en mi vida, y permitirle al Espíritu Santo trabajarlas en mi propia vida también. Es la disposición para aprender, para no creerme lo que no soy. La humildad es ante Dios, la humildad es ante los demás, para ser capaces de escuchar, de aprender lo que necesito, o lo que necesitan ellos. Para preguntar, para crecer realmente.

Tener sed, dice Jesús, y beber. Vivir la propuesta de vida de Jesús, y hacerla la promesa de Jesús, implica beber. Y beber quiere decir tener una comunión personal con Él. Pasar una experiencia real, y no solo una experiencia teórica. Eso implica tiempo. Eso no pasa de un día para otro, porque Jesús te infunda todo su conocimiento, y toda su presencia de un día para otro. Eso necesita tiempo. Debo anhelar pasar tiempo con Jesús, y hacerlo. Leer la Biblia, reflexionar, meditar, compartirla con otros. Ver cómo Dios actúa, ver lo que dice Jesús. Profundizar en ella, me hace conocer en profundidad a Jesús, y vivir plenamente la presencia de Jesús en mí.

Pero a la vez, eso nos lleva a tener un cambio de perspectiva en la vida. Para vivir esa propuesta de Jesús, debemos de tener un cambio de perspectiva de la vida, y un cambio de perspectiva de mi propia vida. Veo la vida desde la esperanza eterna. La vida no acaba aquí, un día seremos restaurados plenamente, y ya no habrá dolor, ni sufrimiento, ni heridas. Comienzo a valorar de manera diferente, lo que me importa, lo que no tanto, lo que priorizó, y lo que no tanto.

Podemos tener una visión diferente, incluso, de cómo valoramos las cosas, o las personas que nos rodean. Las situaciones que viven las personas en el mundo.

El Señor, cuando profundizamos en Él para vivir esos “ríos de agua”, nos propone un planteamiento en el cual, la perspectiva es diferente, pero a la vez nos dice que hemos de tomar la cruz y seguirle. Debemos entregarnos totalmente a Él, para que en ese seguimiento podamos transformar nuestras vidas.

Dice en 2 de Corintios …el Señor es el Espíritu; y donde está el Espíritu del Señor allí hay libertad. Por tanto, nosotros todos, mirando con el rostro descubierto, y reflejando como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria, en su misma imagen, por la acción del Espíritu del Señor.Para vivir esa propuesta de Jesús, tomo la decisión de ir transformando mi vida, y dejó que el Espíritu obre en mí.

Lo vemos con los discípulos, antes y después de la resurrección de Jesús, y de Pentecostés. Ellos eran personas inseguras, poco preparadas, miedosas, confusas, tímidas. A veces parece que con una cierta “empanada mental”. Pero a lo largo del Libro de los Hechos, vamos viendo la transformación de los discípulos. Sus debilidades se transforman en dones y capacidades, humanas y sobrenaturales. Su temor, que les hace estar encerrados, se transforma en confianza intrépida hacia fuera. Un sentimiento de victoria, con iniciativas muy valientes hacia los que les están persiguiendo. Sus sentimientos de soledad y de tristeza, de abandono, se transforma en un gozo, en una energía plenamente total, que sale hacia fuera. La promesa del Espíritu Santo hecha por Jesús, se hizo realidad en ese momento, y desde allí, a todos nosotros. Compartieron lo que tenían y lo que vivieron, y eso fue maravilloso. Eso les hizo algo contagioso y algo atractivo.

Pero esa propuesta de Jesús, los discípulos la pudieron vivir porque habían hecho una previa. No es que ese día llegaron allí sin saber nada Llevaban toda una situación previa de conocer a Jesús, de tomar una decisión de seguirle, de dejar sus vidas. Tres años junto Él. Fracasos [algunos de ellos conocidos], aprendizajes que tuvieron. Se encontraron solos después de la muerte y resurrección de Jesús. Y todo eso, es lo que ese proceso les lleva a la situación que van a tener luego, de expresar esa vida, y esa vida abundante Fue un proceso largo, como el de nuestras vidas. Porque a veces, esa vida plena en el Señor, es el resultado de pequeñas decisiones y orientaciones que van viniendo.

Es algo, sobre todo, que va de dentro hacia fuera, porque el objetivo no es que yo tenga una vida abundante, un “río de agua viva” en mi interior, y me lo quede para mí. El objetivo realmente es, que eso salga hacia otros. No la busco para mí mismo, sino para ser de bendición para los demás. No es un fin en sí mismo, es cómo vivir para ser un seguidor de Jesús, que hace que ame a los que nos rodean. Es de dentro hacia los demás. Y de nuestro interior, controlado por el Espíritu Santo, sale el fruto del amor que se concreta – ya sabes- en gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza. Podríamos decir otros frutos, pero todos ellos resumidos en el amor. Si no tenemos amor, y amor a Dios, y amor al prójimo, no poseemos todo el fruto del Espíritu.

Sin amor, dice el texto, nada somos.

El amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones, dice Romanos, por el Espíritu Santo que nos fue dado.

Un amor que se concreta en acciones y en búsqueda de justicia, para todo ser humano.

El Espíritu tiene el poder para convertir todo eso una realidad. En aquello, donde yo no llego, darme fuerzas. Pero no solo fuerza, sino visión, comprensión, entendimiento, para poder enfrentar cada una de esas situaciones. Esa es la promesa del Señor, “ríos de agua viva” en nuestro interior hacia los demás. Pero es el Espíritu Santo, con el planteamiento de Jesús -de vida de Jesús- el que nos va a ayudar a convertir las cosas donde yo no llegó, en una realidad en mi vida. Es vida con Dios, no solo para Dios.

Jesús no vino a darnos solo una sonrisa, un todo pasará, tranquilo, todo irá bien, – que no sabemos si todo irá bien. Sino que nos prometió una vida plena de abundancia, no exenta de dificultades o de crisis, como Él mismo las sufrió. Pero llena de amor y de vida abundante, de “ríos de agua viva” como promete. Un Jesús, que me enseña y acompaña en bendiciones y en crisis. Un Jesús, que no edulcora a las cosas, que no es superficial con frases pseudo mágicas o simples, porque van más allá que eso. Un Jesús, que en el Espíritu Santo transforma nuestras vidas desde la raíz, eso es lo atractivo ante los demás. 

Un Jesús profundo, no porque sus ideas sean tan elevadas como según qué conceptos filosóficos, sino profundo porque va a la profundidad de cada ser humano y nos toca lo más profundo de nuestro ser. Nos toca en nuestros anhelos, nuestros déficits, nuestras dificultades, nuestras contradicciones, y va hasta allí Él también. Y con el Espíritu Santo nos ayuda, con nuestra humildad, a entregarnos totalmente a Él. En un proceso en el cual aprendemos a vivir el Reino de Dios en nuestras vidas, bendiciendo a los demás promoviendo la paz y la justicia.

Nos envía el Espíritu Santo para poder hacer esto realidad en nuestras vidas. Tanto en nuestro interior, como en nuestro exterior.

Hemos de poseer vida, pero algo más: vida abundante. Hemos de poseer gozo, pero algo más: plenitud de gozo, nos propone. Hemos de recibir paz, pero una paz, como dice Pablo, que sobrepasa todo entendimiento. Nos corresponde llevar fruto espiritual, y más aún: fruto abundante.

La pregunta hoy, que cada uno podemos hacernos es:

¿Permito que Dios transforme mi vida, mediante la obra del Espíritu Santo, y así ser de bendición a mi prójimo?

¿Le estoy poniendo obstáculos o excusas, o humildad y entrega? ¿Hasta dónde?

Tú tienes el Espíritu Santo, si tienes al Señor, pero ¿te tiene controlado Él a ti? ¿me tiene controlado Él a mí?

Jesús te promete el Espíritu Santo, y que puedes vivir “ríos de agua viva” Cada uno de nosotros decide cómo vamos a plantear nuestra vida, nuestro propósito en la vida, de nuestro significado, nuestra felicidad. Cada uno lo ha de decidir, y Jesús nos hace este planteamiento.

Yo te animo a que decidas liderar tu propia vida en crecimiento. Para ello reconoce, que solo puedes hacerlo en Jesús, y para ello necesitamos al Espíritu Santo que nos ayude.

Si quieres hablar estaremos, encantados de hacerlo al acabar el culto. Los pastores, líderes, cualquier miembro de la comunidad, yo mismo…. podemos hablar contigo.

Si nos estás viendo a través de las cámaras, de YouTube, o de cualquier otro sistema, o no estás escuchando en un Podcast, puedes visitarnos en la página web www.unida.es. Ahí puedes contactar con nosotros, o preguntarnos, o comentarnos aquello que deseas.

¡Que el Señor nos ayude a vivir “ríos de agua viva” en cada una de nuestras vidas!

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