Delicados pastos

Delicados pastos

Dijeron además a Faraón:
Para morar en esta tierra hemos venido;
porque no hay pasto para las ovejas de tus siervos,
pues el hambre es grave en la tierra de Canaán;
por tanto, te rogamos ahora que permitas
que habiten tus siervos en la tierra de Gosén.

Génesis 47:4

Los pastos

Hay varias palabras hebreas que pueden ser traducidas por “pasto” o grama. La primera es mireeh, מִרֵעֶה y se refiere a la hierba tierna que consumía el ganado; también está mireith, מִרְעִית, que indica el prado verde; raah, רעה es apacentar; y nomé, νομή, son también las plantas forrajeras.

En la Biblia aparecen frecuentemente (Gn. 47:4; Nm. 22:4; 1 R. 4:23; 1 Cr. 4:39-41; Job 6:5; 24:6; 39:4, 8; Sal. 23:2; Is. 7:25; 9:5, 19; Mt. 6:30; Jn. 10:9, etc.).

En Israel, los pastos no estaban distribuidos de manera uniforme, sino que se diseminaban irregularmente en las distintas regiones en función de la presencia de agua.

Lógicamente, eran abundantes junto a los cursos fluviales permanentes, como las orillas del Jordán, pero escaseaban en las zonas desérticas.

Esta disposición geográfica y climática permitió a los antiguos hebreos dedicarse a la agricultura sedentaria junto a este río que atravesaba de norte a sur Tierra Santa y, a la vez, servirse del pastoreo nómada de ovejas, cabras y bueyes, que encontraban suficientes pastos en primavera sobre las montañas desérticas de Judea.

La alimentación del ganado

Aunque la vida nómada se consideraba superior o de mayor categoría que la agrícola y subsistió hasta la llegada de la monarquía (1 Cr. 4:39; Sal. 79:13). A finales del verano y en invierno no había pastos suficientes para alimentar a los ganados, por lo que había que llevarlos a las montañas y hacerlo manualmente.

Se cortaban ramas verdes de árboles o arbustos para dicho menester. Los problemas generados entre la propiedad privada de la tierra y los pastos comunitarios fueron denunciados valientemente por el profeta Amós (Am. 1:13).

El Salmo 23

Uno de los pasajes bíblicos más emblemáticos, el Salmo 23, empieza con estas palabras: Jehová es mi pastor; nada me faltará. En lugares de delicados pastos me hará descansar; junto a aguas de reposo me pastoreará (Sal. 23:1-2).

El rey David se refiere aquí a Dios quien, como un buen pastor, dirige a su rebaño hacia praderas verdes regadas por abundante agua. No lo lleva a terrenos estériles donde las ovejas pasan hambre, sino hacia lugares donde el pasto lo domina todo.

De la misma manera, en tales lugares están también los mejores abrevaderos, formados por riachuelos de aguas tranquilas que circulan lentamente. Allí las ovejas pueden despreocuparse y beber sin prisas ni miedo, ya que no se trata de torrentes impetuosos capaces de arrastrarlas y ahogarlas.

El mensaje del salmista es que el pastor protege a su rebaño tal como Dios cuida de sus hijos, por tanto, estos no tienen absolutamente nada que temer. A pesar de ser perseguidos por múltiples peligros, el Altísimo protege en todo momento a los suyos y los conduce siempre por buen camino.

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