Insondable

Insondable

Seguro que muchos de vosotros aprovecháis el verano para poner los pensamientos en pausa. Yo aprovecho los momentos de playa para dejar los pensamientos abandonados en las olas que rompen en la playa. ¿Cuántas veces al día se repetirá el vaivén rompiente de las olas en la arena? ¿Os habéis parado a pensar que nunca se paran las olas del mar?

La gracia de Dios en la creación

También aprovecho el 12 de agosto para tumbarme a medianoche y contemplar el fugaz espectáculo de las Perseidas. Y mientras espero descubrir una estrella fugaz, no me queda otra que buscar la forma de las constelaciones en el cielo. La Osa mayor, la Osa Menor, Lira, Casiopea, el Dragón… Mira, ¡una estrella fugaz! ¡Impresionante! ¿Cuántas estrellas habrá en el firmamento? ¿Llegaremos un día a contarlas todas? ¿Dónde se acaba el firmamento? ¿Lo podremos medir algún día?

Hace 25 años tuve la suerte de visitar las Cataratas del Niágara. Te dejan sin aliento. En la parte de Canadá hay un mirador desde el que puedes observar muy de cerca el impactante salto de agua de la icónica Horseshoe Fall, la que tiene forma de herradura. Casi, casi estás en el rompiente de la catarata… y no existen las palabras para describir el espectáculo. Millones y millones de metros cúbicos de agua cayendo sin parar por un salto de 50 metros de caída. Puedes quedar hipnotizado por la tranquila cadencia del río Niágara precipitándose por ese punto, porque al contrario de lo que podrías imaginar de un ruido ensordecedor… el agua se precipita al vacío en silencio. Sin fin, sin pausa, firme, en silencio. Pero una masa de agua cayendo infinita. 

Insondable.

Esta es la palabra que podría definir la cantidad de olas del mar, o de estrellas en la noche, o de litros de agua en las cataratas del Niágara. No se pueden contar. No se pueden medir. Insondable.

Y seguro que ahora os ha venido la melodía del himno Maravillosa Gracia a la cabeza. Insondable cuál el ancho mar. Dios puede medir el mar, las estrellas y recoger el agua del río Niágara en su mano. Pero lo que nunca podrá acabar nuestro Padre Eterno es su infinito amor y misericordia hacia nosotros, hacia los seres humanos, hacia ti y hacia mí. No se acaba y no tiene fin, ni medida, ni agotamiento. Qué impresionante, ¿verdad?

Hesed

Investigad la palabra hebrea HESED si os interesa el mundo de la etimología y las palabras. Es una palabra casi intraducible, con muchísimos matices y acepciones. Gracia, misericordia, amor eterno, pacto de amor, bondad… Y me encanta la traducción inglesa que es Lovingkindness, que se podría traducir como “amorosa amabilidad”. 

Michael Card escribió un libro sobre esta palabra Inexpressible: Hesed and the Mystery of God’s Lovingkindness, y en él examina todas las veces que se menciona en la Biblia y el calado que tiene esta palabra en nuestras vidas. Llega incluso a crear su propia definición de esta misteriosa palabra:

Hesed: cuando la persona de la cual no tengo derecho a esperar nada me lo da todo.

Hesed es en definitiva la materia prima del corazón de Dios. Puro amor. Pura amabilidad. Pura gracia. Insondable.

Busca Su gracia este verano

Leed los Salmos este verano y encontrad matices de la palabra Hesed. O revisitad la parábola del hijo pródigo cuando el padre corre hacia el hijo que regresa abriendo sus brazos y extiende de nuevo una arrolladora catarata de Hesed hacia el hijo que se había perdido. Esa es la imagen.

Encuentra este verano ejemplos de la infinita gracia de Dios en la creación. Mira con atención a tu alrededor, y cuando los encuentres, recuerda las palabras del profeta Jeremías en el pasaje de Lamentaciones 3:

22 El gran amor del Señor nunca se acaba, y su compasión jamás se agota.
23 Cada mañana se renuevan sus bondades; ¡muy grande es su fidelidad!
24 Por tanto, digo: «El Señor es todo lo que tengo. ¡En él esperaré!»

Lamentaciones 3:22-24

Hesed. Gracia Infinita.

Insondable.

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