Maravillosamente frikis

Maravillosamente frikis

Los cristianos somos gente rara. Ya lo cantaban los DC Talk y su Jesus Freak, todo un exitazo en la subcultura musical evangélica de la década de los 90.

Personas diferentes motivadas por un objetivo compartido

Y es que al entrar en una iglesia por primera vez lo que uno nota es que no hay un perfil definido de cristiano. De todo hay en la viña del Señor, reza un proverbio popular. Se trata de un conjunto tan heterogéneo que cuesta imaginarse qué hace gente tan distinta en un mismo lugar.

Pero no solo ocurre, sino que es una de las señas de identidad de la iglesia y, sin duda, su riqueza. Una organización viva, repleta de perfiles diferentes pero motivados para colaborar por un objetivo compartido: el sueño de cualquier empresario.

¿Por qué los humanos somos tan distintos?

Se ha teorizado mucho sobre por qué los seres humanos somos tan distintos, qué es aquello que nos hace únicos. Es una realidad tan compleja que hemos tratado de simplificarla para tratar de comprenderla.

En los 80 se acuñó el concepto de Inteligencias Múltiples de mano del psicólogo Howard Gardner para tratar de describir la distinta habilidad que tiene cada persona para comprender ciertas áreas de la experiencia humana, cómo asimilamos la información que recibimos, o cómo nos gusta aprender. Él las resumía en ocho tipos de inteligencias que se combinan de forma única en cada persona.

El pedagogo García Hoz nos introdujo el concepto de las “notas personales” que configuran, según su criterio, la personalidad de cada uno: la propia intimidad, la apertura a los demás, nuestra singularidad (o excepcionalidad) y la capacidad de conducirnos en nuestro propio proyecto de vida. Estas notas son diferentes en cada ser humano: que no haya dos personas iguales es algo que en sí mismo resulta asombroso.

Nuestra diversidad a través de la Biblia

El apóstol Pablo comparaba la iglesia con un cuerpo vivo formado por diferentes miembros. Decía que en la iglesia todos somos distintos y cada cual debe ocupar su lugar, siendo la cabeza de todo Cristo. Resulta palpable que en la iglesia, como en cualquier área de la vida, cada cual es hijo de su padre y de su madre. 

La realidad de profunda diversidad humana contrasta con lo que la Biblia revela del Creador de la persona: Dios se llama a sí mismo Yo Soy. El que no cambia, el que fue, es y será. El tiempo no tiene sentido en su infinitud, Él permanece fiel y estable, su amor es inmutable, su justicia perfecta y su diestra omnipotente.

Ese único Dios es el que quiere mantener un diálogo con cada ser humano, una conversación que resultará también única porque Él ha decidido dotarnos de esa extraordinaria singularidad: nadie puede relacionarse con Dios de la misma manera porque él nos conoce como nadie jamás nos conocerá.

Fue en uno de esos diálogos que Dios le pidió a Abraham que levantara su mirada al cielo y al ver las estrellas se quedó atónito. ¿Cómo contarlas? Todas distintas, cada una en su lugar brillando con delicadeza pero como reflejo de un poder colosal. Millones de estrellas que ni tan siquiera vemos y, sin embargo, Dios conoce por su nombre a cada una de ellas, también aquellas que hace tiempo que se apagaron. Allí las colocó a todas.

De la misma manera, Él nos llama por nuestro nombre, un nombre que solo Él conoce, una identidad que iremos descubriendo a medida que su luz y su gracia inunden nuestras vidas.

Dios no ha hecho únicos

Dios nos ha dado el don de ser originales, únicos e irrepetibles, y el Eterno nos ha amado así. Vivamos este año que empieza dando gracias por nuestra excepcionalidad y porque Él no cambia. Ocupemos ese lugar en la vida que solo nosotros podemos llenar.   

¡Gracias por hacerme tan maravillosamente complejo!

Tu fino trabajo es maravilloso, lo sé muy bien. Salmo 139:14 NTV

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