La misericordia de Dios se escribe en el terreno blando del corazón

La misericordia de Dios se escribe en el terreno blando del corazón

“… vete y no vuelvas a pecar”
Joan 8:11

No podemos imaginarnos cómo la mujer estuvo discriminada en civilizaciones antiguas. Las religiones orientales le negaban incluso su naturaleza humana. El hebraísmo es religión de varones, y la mujer era indigna de participar en la mayoría de fiestas y estaba condenada a ser analfabeta y marginada de su propia cultura. Este era el mundo en el que se crió Jesús. Pero Jesús nos sorprende con su gracia, su respeto, su reconocimiento y su amor ante la mujer adúltera. La ley castigaba con la muerte a los adúlteros. En el texto de Juan, los culpables son dos, la mujer y Jesús. El pecado de Jesús es más peligroso: exceso de misericordia. Y le tienden una trampa. Jesús parece desinteresarse de eso y escribe en el suelo; hay quien dice que escribía los pecados de los acusadores, el nombre del amante o el mandamiento sobre el adulterio o no matar. Creo que Jesús no quería ver los ojos de los acusadores, de un pecador que condena a su hermano caído. Ni Jesús lo puede soportar. La ley dada a Moisés fue grabada sobre una fría piedra, pero la misericordia de Dios se escribe en el terreno blando del corazón de las personas. Jesús les sorprendió con una variante revolucionaria y pide que los primeros que lancen la piedra sean los que no tienen pecado: ¿Quién puede presumir de no haber caído jamás? Y las piedras cayeron de las manos, porque pesaban más que el plomo. El oficio de juzgar y condenar a los demás no conoce la crisis.

Predicación del 14 de abril
Antonio Cruz

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