Kintsugi

Kintsugi

La técnica japonesa del Kintsugi me produce un interés fascinante. Cuando una pieza de cerámica se rompe, un plato, un vaso o un bol, el maestro del arte del kintsugi aparece y restaura la pieza. En vez de tirar los trozos y comprar un bol nuevo, este recoge los pedazos uno a uno y cuidadosamente los vuelve a pegar con laca de resina hasta que la pieza vuelva a estar completa de nuevo.

La belleza de las cicatrices curadas

La belleza del Kintsugi viene ahora. Las grietas entre las piezas rotas no se esconden ni se intentan disimular. El restaurador toma polvo de oro y pinta una a una las grietas de todas las piezas, dotándolas de un color dorado intenso. Cuando el plato está restaurado y las cicatrices del desastre brillan doradas, la pieza vuelve a estar operativa y útil para su cometido original. La pieza es la misma y su utilidad también, pero su historia ha cambiado.

Lo impactante del Kintsugi es el nuevo valor que cobran las piezas reparadas, mostrando la historia de la fractura, su reparación y su nuevo brillo. Estas roturas, en vez de ocultarse, deben mostrarse para embellecer el objeto, poniendo en valor su transformación y su historia. Y a estos objetos reparados se les da un nuevo valor, llegando al punto de que muchos de ellos son más valiosos ahora con sus cicatrices doradas y su genial originalidad —solo hay uno igual— que cuando eran objetos enteros, pero sin ninguna característica distintiva.

Somos creación suya

En la Biblia podemos leer:

“Pues somos la obra maestra de Dios. Él nos creó de nuevo en Cristo Jesús, a fin de que hagamos las cosas buenas que preparó para nosotros tiempo atrás.” Efesios 2:10-12.

Y me gusta especialmente la traducción de la Nueva Traducción Viviente: somos la obra maestra de Dios. ¿No os parece una frase preciosa? Somos su creación, pero somos también su obra maestra. Pero, ¿qué pintan las cicatrices en todo esto?

El escritor británico CS Lewis escribió una frase que da mucho que pensar: “Si buscas una religión que te haga sentir muy cómodo, ciertamente no te recomiendo el cristianismo”. Y me encanta la sinceridad de esta frase, ya que la vida de CS Lewis no fue fácil para nada, y si examinamos la vida de Jesús, vemos que tampoco es un camino de rosas.

No te engañes. Nadie tiene una vida fácil. No vas a tener una vida exenta de problemas. Pero lo que sí promete Jesús es una vida llena de sentido en la que Él va a estar siempre a nuestro lado, acompañándonos y reservando para nosotros un lugar en la casa de Padre. Y no solo eso, Jesucristo toma las heridas de nuestro pecado y nuestras faltas, y las restaura con la resina de oro de sus propias heridas.

 “Mas Él fue herido por nuestras transgresiones, molido por nuestras iniquidades. El castigo, por nuestra paz, cayó sobre Él, y por sus heridas hemos sido sanados.” Isaías 53:5.

Y para darnos paz de espíritu, las palabras de Pablo a los Filipenses.

“Estoy convencido precisamente de esto: que el que comenzó en ustedes la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Cristo Jesús.” Filipenses, 1:6.

Eres valioso delante de Dios y está haciendo de ti una obra maestra. Tu dolor, tus pruebas y tus cicatrices serán restaurados y brillarán como el oro. No lo dudes. No es fácil. Duele mucho, pero Dios nunca te abandona.

Te dejo otro versículo más: 

“Te basta Mi gracia, pues Mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, con muchísimo gusto me gloriaré más bien en mis debilidades, para que el poder de Cristo more en mí.”  2a Corintios 12:9.

“Mi poder se perfecciona en la debilidad”, “Me gloriaré en mis debilidades”: mis cicatrices brillarán cuando hayan sido curadas por Jesús. Su kintsugi dorado me hará único y podré explicar una bella historia de resiliencia y amor. Y tendré más valor después de la prueba que antes.

Os comparto las palabras del salmista, que muy seguramente experimentó el poder reparador de Dios y expresó su confianza en el amor infinito del Padre con este versículo:

“Me gozaré y alegraré en tu misericordia, porque has visto mi aflicción, has conocido las angustias de mi alma” Salmo 31:7

Un último detalle de la palabra KINTSUGI. En Japonés quiere decir “carpintería de oro”. Deja tus heridas en manos del Carpintero. Verás como las cura y las transforma en algo bello.

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