Las arrugas de la Navidad

Las arrugas de la Navidad

¿Os gustan los dulces navideños? Os voy a explicar una historia real que seguro que os gusta. En el obrador de galletas “El Rosal”, en Tàrrega, trabajan personas de capacidades diversas, dirigidas por la Asociación Alba.

Las neules de Luis

Una de estas personas es Luis, con discapacidad para oír y hablar. Una persona grandota con un corazón muy grande, pero que perdía los nervios cuando tenía que hacer las neules de navidad, esa filigrana de galleta crujiente en forma de tubo que se tiene que hacer una a una cuidadosamente.

Luis se ponía nervioso y no le salían bien las neules, y cuando su paciencia se acababa, cogía la masa de galleta y hacía una bola de masa arrugada que depositaba en una bandeja de restos que no se podían usar. Al final de la jornada, la montaña de bolas arrugadas inservibles era tan grande como el enfado de la jefa del obrador.

Un día, alguien tuvo la idea de hornear las bolas inservibles para aprovechar la masa y la sorpresa fue cuando descubrieron que la galleta arrugada sabía mucho mejor que las lisas y perfectas neules navideñas. 

Los embolsaron y los empezaron a comercializar, incluso cubiertos de chocolate. Els Arrugats se han convertido en producto estrella del obrador El Rosal, y la historia y el mismo Luis se han convertido en los protagonistas de un cuento escrito por Carles Capdevila.

La imperfección de las galletas arrugadas de Luis resultó ser una delicia y lo que al principio parecía un fracaso resultó ser un éxito.

La narración de la primera Navidad

No sé si alguna vez os habéis acercado a la narración de la primera Navidad sin las lentes distorsionadas del espíritu navideño. Intentadlo hoy.

Una pareja de novios jóvenes se esfuerza en no crear un escándalo por el embarazo inesperado de ella. José ama a María y permanece a su lado, a pesar de tener la cabeza llena de preguntas comprometidas.

Ya están a punto del parto, pero en vez de esperar al bebé tranquilamente, la Administración pública tenía unos planes de empadronamiento que no se podían eludir, y José y María deben emprender un viaje a Belén, su ciudad de nacimiento. Justo lo que necesita una joven parturienta primeriza. Un viaje a lomos de un burro. ¿Os lo podéis imaginar?

Si el trayecto no tuvo sus más y sus menos, la Ley de Murphy haría de las suyas al llegar a Belén. No hay habitaciones. No hay alojamiento disponible. No hay hotel. ¿Cómo? Pensad en José, en la rabia contenida. 

Pensad en María, en su dolorido cuerpo y en su temor cuando veía que la hora del parto se acercaba, y no tenía una cama, ni a su madre, ni a una mujer experta que la ayudara a dar a luz a su bebé. ¿Noche de Paz? Creo que María no la titularía así.

Solo un establo frío y desolado, un montón de paja donde yacían los animales, y un pesebre en vez de una habitación de hospital o un caluroso hogar con sábanas limpias y agua caliente. La historia del nacimiento de Jesús está llena de contratiempos. No es el comienzo más idílico para un bebé. Es una historia llena de arrugas.

Y el gran momento del parto, doloroso, intenso y desgarrador. El bebé ha nacido y María lo arropa en sus brazos con el amor que solo conocéis las madres. El bebé llora abriendo sus pulmones y sus fosas nasales, llenándolos del aire necesario para respirar. Pero esa primera bocanada de aire no huele precisamente a colonia Nenuco. Ese olor a estiércol. Ese olor.

Estoy seguro de que la carita y la nariz de Jesús se arrugarían en una mueca de extrañeza al pensar… ¿Dios mío? ¿Dónde estoy? 

En la lejanía, unos pastores tienen el encuentro con los ángeles que dan la noticia más importante de la historia. 

“¡Gloria a Dios en las alturas! ¡Os ha nacido hoy un Salvador que es Cristo el Señor! Hallaréis al niño envuelto en pañales acostado en un pesebre.”

En pañales, en arrugados pañales, en un pesebre donde comen las vacas y los bueyes. 

No son finas telas de algodón, ni un palacio. No es una clínica, una suite o un piso de Airbnb. Es un establo, un pesebre, maloliente y no muy limpio… La primera Navidad no es una neula, es un arrugat.

Pero María supo apreciar desde el principio lo alucinante de todo aquello. La canción de María, mucho antes de poder ver a su hijo, está llena de frases reveladoras

«Mi alma glorifica al Señor,
y mi espíritu se regocija en Dios mi Salvador,
porque se ha dignado fijarse en su humilde sierva.
Desde ahora me llamarán dichosa todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho grandes cosas por mí.
¡Santo es su nombre!
De generación en generación
se extiende su misericordia a los que le temen».

El Señor se fija en mis arrugas

El Señor se ha fijado en su humilde sierva. En mi vida imperfecta, en mis arrugas. Y la misericordia de Dios, que nunca se acaba y nunca se agota, se extiende a toda la humanidad, a todos nosotros, con nuestras vidas imperfectas y arrugadas.

A veces tenemos que apartar las guirnaldas y el brillo de los adornos navideños para poder apreciar el Misterio del nacimiento de Jesús. La Encarnación. El Rey infinito se encarna en un cuerpecito minúsculo y frágil. El Eterno se encierra en una vida humana con principio y fin, y con llanto al principio y al final, como todas nuestras arrugadas vidas humanas. El Rey de Reyes y Señor de Señores envuelto en pañales. Sí, realmente, es un misterio. 

Y como el ángel anunció a José, le pusieron por nombre Jesús, porque él salvaría a su pueblo de sus pecados. Jesús vendría a salvarnos de los pecados y dar un poco de lustre a nuestras arrugas. 

Años más tarde, Pablo entendería también la magnitud del Misterio y lo expresó de esta manera cuando escribió a los Corintios:

«Debe bastarte mi amor. Mi poder se manifiesta más cuando la gente es débil».

Por eso, de muy buena gana me siento orgulloso de mis debilidades; gracias a ellas, se muestra en mí el poder de Cristo.

Te animo a que pienses en todo esto en estos días de Navidad. Y en el nuevo año también. Y en los días en que los errores hacen más ruido que nuestros aciertos. 

Debe bastarte mi amor. Mi poder se manifiesta más cuando la gente es débil.

Y piensa en el sentido que toman ahora los pañales, el pesebre, los inconvenientes y las arrugas.

Nos parece que los días de Navidad deben de ser postales perfectas para mostrarlas en Instagram. La primera Navidad nos recuerda que no es así. 

Simplemente, acércate a Jesús como hicieron María y José. Abraza el Misterio que se humana y se acerca a nuestra imperfección y que por Amor infinito nos transforma y convierte la galleta arrugada de nuestra vida en algo dulce y agradable a los ojos de Dios.

«Porque Él salvará a su pueblo de sus pecados.»

Feliz y arrugada Navidad.

Imagen: Obrador de galetes el Rosal, Google Maps

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