Volver a Punto de Fe

Punto de Fe

La obediencia que nace de la fe

La carta a Tito es uno de los libros menos conocidos del Nuevo Testamento, pero contiene una enseñanza profundamente relevante para la vida cristiana.

La obediencia que nace de la fe

«A Tito, verdadero hijo mío en la fe que compartimos: gracia y paz de parte de Dios Padre y de Jesucristo, nuestro Salvador.»
Tito 1:4

La carta a Tito es uno de los libros menos conocidos del Nuevo Testamento, pero contiene una enseñanza profundamente relevante para la vida cristiana. Para descubrir algunos de sus tesoros, debemos prestar atención a dos elementos que Pablo repite de manera intencionada.

El primero aparece ya en el saludo inicial de la carta. Después de presentarse y explicar la misión que ha recibido, Pablo se dirige a Tito deseándole «gracia y paz de parte de Dios Padre y de Jesucristo, nuestro Salvador».

¿Has notado algo diferente?

Quienes están familiarizados con las cartas de Pablo reconocerán que normalmente utiliza una fórmula parecida: «gracia y paz de parte de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo». La encontramos, con pequeñas variaciones, en Romanos, Primera y Segunda de Corintios, Gálatas, Efesios y muchas otras cartas.

Sin embargo, al escribir a Tito, Pablo no llama a Jesús «Señor» en su saludo, sino «Salvador». Y no se trata de una elección aislada. A lo largo de toda la carta, el título «Salvador» aparece repetidamente, mientras que el término «Señor», tan habitual en los escritos de Pablo, no ocupa el lugar que esperaríamos.

Esto resulta significativo. Pablo habla constantemente del señorío de Jesucristo en el resto de sus cartas. Incluso en una carta tan breve como Filemón llama varias veces a Jesús «Señor». Sin embargo, en Tito insiste una y otra vez en presentarlo como Salvador.

Jesús es nuestro Salvador.

¿Por qué pone tanto énfasis en este título?

La respuesta aparece cuando descubrimos el segundo elemento que se repite a lo largo de la carta: el llamamiento a hacer el bien.

Pablo insiste en esta idea en diferentes momentos:

  • El responsable de la comunidad debe ser hospitalario y amar el bien (Tito 1:8).
  • Quienes dicen conocer a Dios, pero lo niegan con sus obras, no están capacitados para hacer el bien (Tito 1:16).
  • Tito debe ser ejemplo de buenas obras en todo (Tito 2:7).
  • Jesucristo se entregó para formar un pueblo apasionado por hacer el bien (Tito 2:14).
  • Los creyentes deben obedecer a las autoridades y estar dispuestos a toda obra buena (Tito 3:1).
  • Quienes han creído en Dios deben dedicarse a hacer el bien (Tito 3:8).
  • Los cristianos deben aprender a distinguirse por sus buenas obras y responder a las necesidades reales (Tito 3:14).

Hacer el bien. Hacer el bien. Hacer el bien.

Un poco de historia

Tito había recibido la misión de organizar y fortalecer las iglesias de Creta. La isla tenía una reputación difícil. Pablo cita incluso a uno de sus propios escritores, quien afirmaba que los cretenses eran mentirosos, malas bestias y glotones ociosos.

En un contexto marcado por el engaño, los excesos y la falta de dominio propio, Pablo pide a Tito que enseñe a los creyentes a vivir de una manera diferente. El evangelio debía hacerse visible en la vida de las personas que habían sido transformadas por Cristo.

Por eso la carta contiene tantos llamamientos a hacer el bien.

Sin embargo, Pablo sabía que no solo era importante vivir correctamente. También era fundamental hacerlo por la motivación adecuada.

Algunas personas piensan que debemos obedecer a Jesús únicamente porque es el Señor y tiene autoridad para castigarnos si no lo hacemos. Aunque Jesucristo es ciertamente Señor y gobierna sobre todas las cosas, el miedo al castigo no es la motivación central de la obediencia cristiana.

Lo que transforma nuestro corazón es su gracia.

Obedecemos porque aquel que es Señor también se acercó a nosotros como Salvador. No hacemos el bien para conseguir que Dios nos salve, sino porque él ya nos ha alcanzado con su misericordia.

Esta es la razón por la que, en una carta tan centrada en la conducta, Pablo destaca especialmente la obra de Jesús como Salvador. Nos llama a hacer el bien una y otra vez porque nos recuerda una y otra vez que Cristo nos ha salvado.

La obediencia cristiana no nace del terror, sino de la gratitud.

Salvados para una vida nueva

Comprender estas dos claves nos permite entender el mensaje central de la carta a Tito.

Jesús quiere que su pueblo viva de una manera diferente. Pero no se trata simplemente de parecer distintos o de adoptar una identidad religiosa. Cristo quiere formar un pueblo entregado al bien.

Según Tito 2:14, Jesús se entregó por nosotros para rescatarnos de toda maldad, purificarnos y hacer de nosotros un pueblo suyo, apasionado por hacer el bien.

La gracia no es un permiso para continuar pecando. Es la puerta de entrada a una vida nueva.

No somos salvados por nuestras buenas obras, pero sí somos salvados para vivir haciendo el bien.

Esta enseñanza aparece con especial claridad en Tito 3:3-8. Pablo recuerda que nosotros también vivíamos desorientados, esclavizados por deseos desordenados, dominados por la malicia, la envidia y el odio. Pero la bondad y el amor de Dios se manifestaron, y él nos salvó.

No lo hizo por las obras justas que nosotros hubiéramos realizado, sino por su misericordia. Nos renovó por medio del Espíritu Santo y nos justificó por su gracia, para que pudiéramos vivir con la esperanza de la vida eterna.

Después de resumir el evangelio, Pablo añade que quienes han puesto su confianza en Dios deben procurar dedicarse a hacer el bien.

Puedes leer el pasaje completo en Tito 3:3-8, BCI.

La misma secuencia aparece en Efesios 2:1-10:

  1. Estábamos muertos a causa del pecado.
  2. Dios actuó movido por su gran amor y misericordia.
  3. Fuimos salvados por gracia, no por nuestras obras.
  4. Hemos sido creados de nuevo en Cristo para realizar las buenas obras que Dios preparó para nosotros.

Puedes leer el pasaje completo en Efesios 2:1-10, BCI.

Las buenas obras no son la raíz de nuestra salvación, sino su fruto.

No hacemos el bien para que Dios nos ame. Hacemos el bien porque, cuando no lo merecíamos, Dios nos amó y nos salvó por medio de Jesucristo.

Por eso necesitamos recordar constantemente la historia del Salvador. Cuanto mejor comprendamos su gracia, más profundamente desearemos vivir de una manera que refleje su bondad.

La verdadera obediencia no consiste en intentar ganarnos el favor de Dios. Consiste en responder con toda nuestra vida al favor que ya hemos recibido.

Jesús es nuestro Salvador. Y precisamente porque nos ha salvado, podemos aprender a vivir haciendo el bien.

Adaptado de un extracto de «The Compass» («La brújula»).