La Santa Cena, también llamada Cena del Señor o Comunión, es una celebración que Jesús instituyó con sus discípulos la noche antes de morir. Al compartir el pan y la copa, la iglesia recuerda su cuerpo entregado y su sangre derramada por nosotros (Lucas 22:14-20).
No repetimos el sacrificio de Jesús: anunciamos la obra que él completó en la cruz. Por eso Pablo escribe que, cada vez que comemos el pan y bebemos la copa, proclamamos la muerte del Señor hasta que él vuelva (1 Corintios 11:23-26).
El pan representa el cuerpo de Cristo entregado por nosotros, y la copa representa el nuevo pacto establecido por su sangre. En la tradición bautista los entendemos como signos visibles que nos dirigen a Jesucristo y a su sacrificio suficiente, no como elementos que nos salvan por sí mismos.
Participar con fe nos ayuda a recordar el amor y la gracia de Dios, darle gracias y renovar nuestro compromiso de seguir a Jesús. El centro de la Santa Cena no es el ritual, sino Cristo.
La palabra comunión también expresa que compartimos una misma vida en Cristo. «Hay un solo pan» y, aunque somos muchos, formamos un solo cuerpo (1 Corintios 10:16-17). La Santa Cena no es una experiencia meramente individual: nos recuerda que pertenecemos a una comunidad llamada a amarse, servirse y reconciliarse.
En Corinto, Pablo reprendió una celebración marcada por las divisiones y las desigualdades. Discernir el cuerpo también implica reconocer a los hermanos y no convertir la mesa del Señor en un lugar de exclusión, egoísmo o desprecio (1 Corintios 11:17-22, 27-29).
Antes de participar, Pablo nos invita a examinarnos. Eso no significa que debamos llegar perfectos o sin ninguna lucha: nadie sería digno por méritos propios. Significa acercarnos con reverencia, reconocer el pecado, confiar de nuevo en la gracia de Cristo y estar dispuestos a reparar las relaciones rotas.
El autoexamen no debe llevarnos a huir de Jesús, sino a acudir a él con sinceridad. La mesa anuncia precisamente que necesitamos el perdón que él ofrece.
Las prácticas concretas pueden variar entre iglesias evangélicas. En la UNIDA entendemos la Santa Cena como una expresión de fe en Jesucristo y de comunión con su pueblo. Si todavía no has confiado en Jesús, no entiendes qué significa la celebración o tienes dudas sobre si participar, puedes observarla con respeto y hablar con el equipo pastoral.
El bautismo y la Santa Cena son las dos ordenanzas que Jesús confió a la iglesia. El bautismo expresa públicamente el inicio de la vida de seguimiento; la Santa Cena alimenta regularmente la memoria, la gratitud, la comunión y la esperanza de la comunidad.
Cuando celebramos la Santa Cena miramos en tres direcciones: atrás, hacia la cruz; a nuestro alrededor, hacia el cuerpo de Cristo; y adelante, hacia el regreso de Jesús y el banquete del Reino de Dios. Es una celebración solemne, pero también llena de gratitud y esperanza.