Entender la Trinidad

Entender la Trinidad

John Piper · Lectura de 26 minutos

La doctrina de la Trinidad es fundamental para la fe cristiana. Es esencial para comprender correctamente cómo es Dios, cómo se relaciona con nosotros y cómo debemos relacionarnos con él. Pero también plantea preguntas difíciles. ¿Cómo puede Dios ser uno y tres? ¿Es la Trinidad una contradicción? Si Jesús es Dios, ¿por qué los Evangelios recogen momentos en los que ora a Dios? Aunque nunca podremos comprender plenamente todo lo relacionado con la Trinidad —ni con ninguna otra verdad acerca de Dios—, sí es posible responder a preguntas como estas y llegar a una comprensión sólida de lo que significa que Dios sea tres en uno.

¿QUÉ SIGNIFICA QUE DIOS ES TRINIDAD?

La doctrina de la Trinidad enseña que hay un solo Dios que existe eternamente como tres personas distintas: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Dicho de otro modo, Dios es uno en esencia y tres en persona. Esta formulación expresa tres verdades fundamentales:

  1. El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo son personas distintas.
  2. Cada persona es plenamente Dios.
  3. Hay un solo Dios.

El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo son personas distintas

La Biblia habla del Padre como Dios (Filipenses 1:2), de Jesús como Dios (Tito 2:13) y del Espíritu Santo como Dios (Hechos 5:3-4). Ahora bien, ¿son simplemente tres maneras distintas de referirse a Dios, o tres papeles diferentes que Dios representa?

La respuesta es no, porque la Biblia también enseña que el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo son personas distintas entre sí. Por ejemplo, como el Padre envió al Hijo al mundo (Juan 3:16), no puede ser la misma persona que el Hijo. Además, después de que el Hijo regresara al Padre (Juan 16:10), el Padre y el Hijo enviaron al Espíritu Santo al mundo (Juan 14:26; Hechos 2:33). Por tanto, el Espíritu Santo también debe ser distinto del Padre y del Hijo.

En el bautismo de Jesús vemos al Padre hablando desde el cielo y al Espíritu descendiendo en forma de paloma mientras Jesús sale del agua (Marcos 1:10-11). En Juan 1:1 se afirma que Jesús es Dios y, al mismo tiempo, que estaba “con Dios”, lo cual indica que Jesús es una persona distinta de Dios Padre (véase también Juan 1:18). Y en Juan 16:13-15 vemos que, aunque existe una profunda unidad entre ellos, el Espíritu Santo también es distinto del Padre y del Hijo.

En otras palabras, que el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo sean personas distintas significa que el Padre no es el Hijo, el Hijo no es el Espíritu Santo y el Espíritu Santo no es el Padre. Jesús es Dios, pero no es el Padre ni el Espíritu Santo. El Espíritu Santo es Dios, pero no es el Hijo ni el Padre. Son personas diferentes, no tres maneras distintas de contemplar a Dios.

La personalidad de cada miembro de la Trinidad significa que cada persona posee un centro de conciencia distinto. Por eso se relacionan personalmente entre sí: el Padre se refiere a sí mismo como “yo”, y al Hijo y al Espíritu Santo como “tú”. Del mismo modo, el Hijo se refiere a sí mismo como “yo”, y al Padre y al Espíritu como “tú”.

A menudo se objeta: “Si Jesús es Dios, entonces debió de estar orándose a sí mismo cuando estaba en la tierra”. Pero la respuesta a esa objeción es sencilla: aunque Jesús y el Padre son Dios, son personas distintas. Por tanto, Jesús oraba a Dios Padre sin orarse a sí mismo. De hecho, el diálogo continuo entre el Padre y el Hijo (Mateo 3:17; 17:5; Juan 5:19; 11:41-42; 17:1 y ss.) constituye una de las mejores pruebas de que son personas distintas con centros de conciencia diferentes.

A veces se reconoce con claridad la personalidad del Padre y del Hijo, pero se descuida la del Espíritu Santo. En ocasiones, se trata al Espíritu más como una “fuerza” que como una persona. Pero el Espíritu Santo no es una cosa, sino alguien (véase Juan 14:26; 16:7-15; Hechos 8:16). Que el Espíritu Santo es una persona y no una fuerza impersonal —como la gravedad— se demuestra también porque habla (Hebreos 3:7), razona (Hechos 15:28), piensa y comprende (1 Corintios 2:10-11), tiene voluntad (1 Corintios 12:11), siente (Efesios 4:30) y da comunión personal (2 Corintios 13:14). Todas estas son cualidades propias de una persona. Además, los demás textos ya mencionados muestran claramente que la personalidad del Espíritu Santo es distinta de la del Hijo y la del Padre. Son tres personas reales, no tres papeles que Dios desempeña.

Otro error grave que algunas personas han cometido es pensar que el Padre se convirtió en el Hijo, y luego el Hijo se convirtió en el Espíritu Santo. Sin embargo, los pasajes que hemos visto implican que Dios siempre ha sido y siempre será tres personas. Nunca hubo un tiempo en que una de las personas de la Trinidad no existiera. Las tres son eternas.

Y aunque los tres miembros de la Trinidad son distintos, eso no significa que uno sea inferior a otro. Al contrario, comparten plenamente los mismos atributos. Son iguales en poder, amor, misericordia, justicia, santidad, conocimiento y cualquier otra perfección divina.

Cada persona es plenamente Dios

Si Dios es tres personas, ¿significa eso que cada persona es “un tercio” de Dios? ¿Se divide Dios en tres partes?

La Trinidad no divide a Dios en tres partes. La Biblia deja claro que cada una de las tres personas es totalmente Dios. El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo son plenamente Dios. Por ejemplo, de Cristo se dice que “en él habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad” (Colosenses 2:9). No debemos pensar en Dios como si fuera un “pastel” cortado en tres porciones, donde cada trozo representa a una persona. Eso haría que cada persona fuese solo parcialmente Dios, y no plenamente Dios. Por el contrario, “el ser de cada persona es igual a todo el ser de Dios”.[1] La esencia divina no es algo que se reparta entre las tres personas; cada una posee plenamente la misma esencia divina, que no se divide en partes.

Así, el Hijo no es una tercera parte del ser de Dios: él es plenamente Dios. El Padre no es una tercera parte del ser de Dios: él es plenamente Dios. Y lo mismo ocurre con el Espíritu Santo. Por eso, como escribe Wayne Grudem, “cuando hablamos del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo juntos, no estamos hablando de un ser mayor que cuando hablamos solo del Padre, del Hijo o del Espíritu Santo”.[2]

Hay un solo Dios

Si cada persona de la Trinidad es distinta y, sin embargo, plenamente Dios, ¿debemos concluir entonces que hay más de un Dios? Evidentemente no, porque las Escrituras enseñan con claridad que hay un solo Dios: “No hay más Dios fuera de mí; Dios justo y Salvador, ningún otro fuera de mí. Volveos a mí y sed salvos, todos los confines de la tierra, porque yo soy Dios, y no hay otro” (Isaías 45:21-22; véase también 44:6-8; Éxodo 15:11; Deuteronomio 4:35; 6:4-5; 32:39; 1 Samuel 2:2; 1 Reyes 8:60).

Después de haber visto que el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo son personas distintas, que cada uno es plenamente Dios y que, sin embargo, hay un solo Dios, debemos concluir que las tres personas son el único Dios. En otras palabras, hay un solo Dios que existe como tres personas distintas.

Si hay un pasaje que resume todo esto con especial claridad, es Mateo 28:19: “Id, pues, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo”. En primer lugar, observa que el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo aparecen distinguidos como personas distintas. Bautizamos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. En segundo lugar, observa que cada persona debe ser plenamente divina, porque están colocadas en el mismo nivel. ¿Acaso Jesús nos mandaría bautizar en el nombre de una simple criatura? Evidentemente no. Por tanto, cada una de las personas en cuyo nombre somos bautizados debe ser divina. En tercer lugar, fíjate en que, aunque las tres personas divinas son distintas, somos bautizados en “el nombre” (singular), no en “los nombres” (plural). Las tres personas son distintas y, sin embargo, comparten un solo nombre. Esto solo puede ser así porque comparten una sola esencia.

¿ES LA TRINIDAD UNA CONTRADICCIÓN?

Esto nos lleva a examinar más detenidamente una formulación muy útil que ya hemos mencionado: Dios es uno en esencia y tres en persona. Esta expresión nos ayuda a ver por qué no hay tres dioses y por qué la Trinidad no es una contradicción.

Para que algo sea contradictorio, tendría que violar la ley de no contradicción. Esta ley afirma que una cosa no puede ser y no ser al mismo tiempo y en el mismo sentido. En otras palabras, uno se contradice cuando afirma y niega la misma proposición. Por ejemplo, si digo que la luna está hecha de queso y luego digo que la luna no está hecha de queso, me he contradicho.

Hay, sin embargo, afirmaciones que a primera vista parecen contradictorias, pero en realidad no lo son. El teólogo R. C. Sproul cita como ejemplo la célebre frase de Dickens: “Era el mejor de los tiempos, era el peor de los tiempos”. Eso sería una contradicción si Dickens quisiera decir que era el mejor y el peor tiempo en exactamente el mismo sentido. Pero no lo es, porque se refiere a sentidos distintos: en un sentido era el mejor de los tiempos, y en otro sentido era el peor.

Aplicado a la Trinidad, no es una contradicción decir que Dios es tres y uno, porque no es tres y uno en el mismo sentido. Es tres de una manera distinta a como es uno. Por tanto, no estamos diciendo una cosa y negándola después. No afirmamos que Dios es uno para luego negar su unidad al decir que es tres. Esto es muy importante: Dios es uno y tres al mismo tiempo, pero no de la misma manera.

¿En qué sentido es uno? Es uno en esencia. ¿En qué sentido es tres? Es tres en persona. Esencia y persona no son lo mismo. Dios es uno de una manera —en esencia— y tres de otra manera —en persona—. Como Dios es uno de un modo distinto al modo en que es tres, la Trinidad no es una contradicción. Solo habría contradicción si dijéramos que Dios es tres en el mismo sentido en que es uno.

Comprender que Dios es uno en esencia y tres en persona no solo ayuda a ver por qué la Trinidad no es una contradicción; también explica por qué hay un solo Dios y no tres. La razón es sencilla:

Las tres personas son un solo Dios porque, como hemos visto, comparten la misma esencia. “Esencia” significa aquí lo mismo que “ser”. Por tanto, como Dios tiene una sola esencia, hay un solo ser divino, no tres seres divinos. Por eso es tan importante entender que las tres personas poseen plenamente la misma esencia. Si negáramos esto, negaríamos la unidad de Dios y afirmaríamos que hay más de un ser divino, es decir, más de un Dios.

Lo que hemos visto hasta ahora proporciona una buena comprensión básica de la Trinidad. Pero aún podemos profundizar más. Si entendemos con mayor precisión qué significan “esencia” y “persona”, en qué se diferencian y cómo se relacionan, tendremos una comprensión más completa de la doctrina trinitaria.

ESENCIA Y PERSONA

Esencia

¿Qué significa “esencia”? Como ya hemos dicho, significa lo mismo que “ser”. La esencia de Dios es su ser. Más concretamente, la esencia es aquello que uno es. A riesgo de sonar demasiado material, podríamos decir que la esencia se refiere a la “realidad” de la que algo está constituido. Por supuesto, hablamos por analogía, porque no podemos entender esto de manera física cuando hablamos de Dios. “Dios es espíritu” (Juan 4:24). Además, no debemos imaginar que Dios está compuesto de algo distinto de la divinidad. La “sustancia” de Dios es Dios mismo, no una mezcla de “ingredientes” que, al combinarse, producen la deidad.

Persona

En el contexto de la Trinidad, usamos el término “persona” de una manera distinta a como lo usamos normalmente en la vida cotidiana. Por eso, a menudo resulta difícil dar una definición precisa de “persona” en relación con la Trinidad. Lo que no queremos decir con “persona” es un individuo independiente, en el sentido en que yo y cualquier otro ser humano somos personas separadas que pueden existir la una sin la otra.

Lo que entendemos por “persona” es alguien que se considera a sí mismo como “yo” y a los demás como “tú”. Así, el Padre, por ejemplo, es una persona distinta del Hijo porque considera al Hijo como un “tú”, mientras que se considera a sí mismo como “yo”. Por tanto, en relación con la Trinidad, podemos decir que “persona” significa un sujeto distinto que se considera a sí mismo como un “yo” y a los otros dos como un “tú”. Estos sujetos distintos no son divisiones dentro del ser de Dios, sino “formas de existencia personal que no implican una diferencia de ser”.[3]

¿Cómo se relacionan esencia y persona?

La relación entre esencia y persona, por tanto, es la siguiente: dentro del único ser de Dios hay una “despliegue” en tres distinciones personales. Estas distinciones personales son modos de existencia dentro del ser divino, pero no son divisiones del ser divino. Son formas personales de existencia, no diferencias de esencia. El teólogo Herman Bavinck expresó esto de forma muy útil: “Las personas son modos de existencia en el ser; por consiguiente, las personas difieren entre sí como un modo de existencia difiere de otro; por usar una ilustración común, como una mano abierta difiere de un puño cerrado”.[4]

Como cada una de estas “formas de existencia” es relacional —y, por tanto, personal—, cada una constituye un centro de conciencia distinto, de modo que cada una se considera a sí misma como “yo” y a las otras como “tú”. Sin embargo, estas tres personas comparten plenamente la misma esencia, el mismo “qué”. Como ha explicado el teólogo y apologista Norman Geisler, mientras que la esencia responde a la pregunta “qué eres”, la persona responde a la pregunta “quién eres”. Así, Dios es un solo “qué”, pero tres “quiénes”.

La esencia divina no es algo que exista “por encima” o “separado” de las tres personas, sino que la esencia divina es el mismo ser del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Tampoco debemos pensar que las personas se distinguen por atributos distintos dentro del ser divino. Wayne Grudem explica:

Pero si cada persona es plenamente Dios y posee todo el ser de Dios, entonces tampoco debemos pensar que las diferencias personales sean algún tipo de atributos adicionales añadidos al ser divino... Más bien, cada persona de la Trinidad posee todos los atributos de Dios, y ninguna persona tiene atributos que no sean poseídos por las otras. Al mismo tiempo, debemos afirmar que las personas son reales, y no simples maneras diferentes de contemplar el único ser de Dios... La única manera de sostener esto es decir que la distinción entre las personas no es una diferencia de “ser”, sino una diferencia de “relación”. Esto está muy alejado de nuestra experiencia humana, donde cada persona distinta es también un ser distinto. De algún modo, el ser de Dios es tan infinitamente mayor que el nuestro que, dentro de su ser único e indiviso, puede haber una pluralidad de relaciones interpersonales, de manera que existen tres personas distintas.[5]

¿ILUSTRACIONES DE LA TRINIDAD?

Se han propuesto muchas ilustraciones para ayudarnos a entender la Trinidad. Aunque algunas pueden ser útiles en ciertos aspectos, debemos reconocer que ninguna ilustración es perfecta. De hecho, muchas no solo son imperfectas, sino equivocadas.

Una ilustración de la que conviene desconfiar es la que dice: “Yo soy una sola persona, pero también soy estudiante, hijo y hermano. Así se entiende cómo Dios puede ser uno y tres”. El problema es que esta analogía refleja una herejía conocida como modalismo. Dios no es una sola persona que desempeña tres papeles distintos, como sugiere esa comparación. Dios es un solo ser en tres personas —tres centros de conciencia—, no una única persona con tres funciones. Esa analogía ignora las distinciones personales reales dentro de Dios y las reduce a simples roles.

RESUMEN

Repasemos brevemente lo que hemos visto:

  1. La Trinidad no es la creencia en tres dioses. Hay un solo Dios, y nunca debemos apartarnos de esta verdad.
  2. Ese único Dios existe como tres personas.
  3. Las tres personas no son partes de Dios, sino que cada una es plenamente y totalmente Dios. Dentro del ser divino único e indiviso existe una pluralidad de relaciones interpersonales reales, y por eso hay tres personas. Las distinciones en la Deidad no son distinciones de esencia ni algo añadido a la esencia divina, sino la manera en que el único Dios se revela eternamente como tres personas reales.
  4. Dios no es una sola persona que haya asumido tres funciones sucesivas. Esa es la herejía del modalismo. El Padre no se convirtió en el Hijo, ni el Hijo en el Espíritu Santo. Siempre ha habido, y siempre habrá, tres personas distintas en la Deidad.
  5. La Trinidad no es una contradicción, porque Dios no es tres en el mismo sentido en que es uno. Dios es uno en esencia y tres en persona.

APLICACIÓN

La Trinidad es importante, en primer lugar, porque Dios es importante. Conocer con más plenitud cómo es Dios es una forma de honrarle. Además, debemos permitir que la verdad de que Dios es trino profundice nuestra adoración. Existimos para adorar a Dios. Y Dios busca adoradores que le adoren “en espíritu y en verdad” (Juan 4:24). Por eso debemos procurar siempre que nuestra adoración a Dios crezca tanto en verdad como en sinceridad de corazón.

La Trinidad también tiene una aplicación muy importante para la oración. El patrón general de la oración en la Biblia es orar al Padre, por medio del Hijo, en el Espíritu Santo (Efesios 2:18). Nuestra comunión con Dios debe enriquecerse al saber conscientemente que nos relacionamos con un Dios trino.

Ser conscientes de la función particular que cada persona de la Trinidad desempeña en nuestra salvación puede servirnos especialmente para experimentar mayor consuelo y gratitud hacia Dios en nuestra oración, así como para ayudarnos a ser más concretos en la manera en que oramos. Sin embargo, aunque reconozcamos los distintos roles de cada persona, nunca debemos separarlos tanto como si las otras personas no estuvieran implicadas.

Más bien, en todo aquello en lo que actúa una persona divina, las otras dos también están implicadas, de una manera u otra.

Notas

  1. Wayne Grudem, Teología sistemática: una introducción a la doctrina bíblica (InterVarsity Press y Editorial Vida/Zondervan, 1994), p. 255, énfasis añadido.
  2. Ibíd., p. 252.
  3. Ibíd., p. 255. Aunque esta es una definición útil, conviene señalar que el propio Grudem la presenta más como una explicación que como una definición estricta de “persona”.
  4. Herman Bavinck, La doctrina de Dios (Edimburgo: The Banner of Truth Trust, edición de 1991), p. 303.
  5. Grudem, pp. 253-254.

Por John Piper. © Desiring God.
Sitio web: desiringGod.org

John Piper es pastor de predicación en Bethlehem Baptist Church, en Minneapolis, Minnesota. Cursó estudios en Fuller Theological Seminary (B.D.) y en la Universidad de Múnich (Dr. theol.). Es autor de más de treinta libros, entre ellos Que las naciones se alegren. © Cru. Todos los derechos reservados.

Créditos y licencia

Este contenido se publica en este sitio con autorización de Agape/Cru LAC. © Cru. Todos los derechos reservados.

Fuente original: Agape / Cru LAC
Volver a Punto de Fe
Ver todos los recursos